domingo, 7 de febrero de 2010

Noche de diapositivas

Un domingo cualquiera de estos calurosos que venimos teniendo salgo a la tarde-noche rumbo a la casa de mi hermano. Leo está en pleno vaciamiento porque quiere vender la casa y se empezó a deshacer de sus cosas: mesa, sillas, computadora, reproductor de CD y DVD, televisor. Vive con poco y está bueno, vive bien.

La picada la armaron entre él y mi viejo en la cocina, yo esperaba muy pancha en el sillón y jugaba con las pocas cosas que quedan ahí a mano: giraba la cabeza hacia un costado para adivinar los títulos de la biblioteca, mezclaba los posavasos como si tuviera un mazo de cartas, intentaba en vano desatar un nudo de marinero de una soga.

Entre los libros de la biblioteca se asoma una caja de cartón de tamaño mediano que dice “Paximat”. No pareciera decir mucho, al menos a mí no me dice nada, sin embargo allí dentro, en su caja original, está el proyector de diapositivas. Ese mismo que sacábamos cada tanto en mi casa de Catalinas Sur o más acá en el tiempo, en mi otra casa de Barracas. Al que le soplábamos el polvo, las pelusas y enchufábamos para ver la magia: fotos de otra época, de cuando a mi papá le atraía la fotografía, de cuando era joven y capturaba imágenes luminosas, estéticas, profundas, llenas de sensaciones. Algunas gaviotas que sobrevuelan el mar, días fríos y abrigados en el sur, bigotes de los 70, chicas jóvenes con modelitos psicodélicos.

Mi hermano se deshizo de muchas cosas, pero no de lo importante. Ese domingo cualquiera recuperó tiempo, historia y puso a funcionar esa pequeña maquinita para deleitarnos con el color de las diapositivas. Esta vez el paisaje fue otro: imágenes rocosas de un viaje a Los gigantes, en Córdoba; el Irizar y el trabajo de sus tripulantes en la soledad de la Antártida. Pero la sensación de estar en otra época, persiste. Sin aire acondicionado, apenas un poquito ventilados por un turbo de hace 20 años, la música de los viejos Pericos que salía de un cassette original y las diapositivas ahí proyectadas sobre la pared eterna, de casi cuatro metros de altura, en la oscuridad de la noche. Gracias Leo.      

2 comentarios:

Carita dijo...

¡Qué buena onda las diapositivas! Muy de Patty y Selma.

Pau dijo...

Me encantó. Mi papá también sacaba muchas y cada tanto las vemos. Amo ese ruidito que hace cuando las pasás, como recuerdos al compás.