miércoles, 17 de febrero de 2010

Noche de carnaval


Acá, en Río, en Salvador, en Montevideo, en La Paz, en General Guido, en Gualeguaychú, febrero es carnaval. Cada uno tiene su impronta: el de Río es el “mais grande do mundo”, el de Salvador, el mais louco, el de Montevideo, el que más dice, el de La Paz, el más ritualista, el de Gualeguaychú, el más caro –según Clarín–, y el de General Guido, es el Gualeguaychú del subdesarrollo, según lo definieron por ahí.
El de Buenos Aires no es nada de eso, es distinto a todos. Los viernes, sábados y domingos desde las 19 y hasta las 2 cada barrio le cede un espacio de alrededor de tres cuadras al corso. Los lugares son fácilmente identificables: unos banderines de colores que cuelgan a modo de pasacalles, una vallas apoyadas en la pared y un escenario, marcan la zona.
Alrededor de las seis de la tarde ya empiezan a aparecer los vendedores de espuma en aerosol que vienen súper cargados porque el producto es furor. Hasta hay estrategias de ataque. La idea es que nadie se dé cuenta de que cargás con el pomo, las chicas lo esconden en la cartera y al pasar le echan a algún desprevenido en la cara: los ojos, las orejas y la boca son los puntos clave. Se arman duelos, corridas y ataques cobardes, de todos contra uno. Hay mucha guerra de género y ojo con las hijas celosas, porque suelen defender con mucho énfasis a sus padres. 
A las 10 se empieza a poner, las murgas pasan de a una –son tres por noche– con un vallado que las deja exhibirse en libertad mientras el público, amuchonado, intenta algún restringido paso de baile. Hay, también, unos chicos con chaleco verde que son los encargados de correr unas soguitas al ritmo de la murga: cada vez que los murgueros dan un paso más hacia la zona del escenario, la soguita les va ganando espacio y el público se apropia de la calle.
Ya en el escenario hacen su show. Por lo general cantan o bien canciones de protesta, al uso uruguayo, o bien canciones de tinte más televisivo, que aluden a la farándula y los personajes del momento. Entre murga y murga, hay tiempo para que suban grupos de cumbia o si el presupuesto es escaso, para escuchar algunos temas de La Nueva Luna, que anuncia el presentador.
En esas horas de carnaval me di cuenta de que la murga es el pueblo y el pueblo somos todos: los piratas, los infantiles, los provocadores, los serios, los divertidos, los viejos, los niños, los jóvenes, los punkies, los hippies, los negros, los blancos, los bronceados, los gordos, los flaquitos, los feos, los lindos, los locos, los cuerdos, todos.   

1 comentario:

Pau dijo...

Y si volvemos a Montevideo...?