
Y bueno, yo también caí en la joda. ¡Y cómo caí! Estoy atrapada en las garras de Hipólito que ayer se posó sobre mi falda y me pidió unas caricias que yo brindé con cariño. Sí, un gato y yo unidos en el consultorio-casa de Paula, mi psicóloga y la dueña del gato. “Hipólito es un seductor -me adelantó ella-, nadie se le resiste. Mirá como lo acariciás... vos que le tenías miedo”.
Pero no nos quedemos con el gato, no pasa sólo por ahí. Paula me hace sentir cómoda, me hace sentir bien. Me siento en su diván-cama y a medida que transcurre el tiempo me voy apoyando cada vez más sobre la pared, quedo semi recostada y agarro un almohadón y juego con las hilachas que sobran del cubrecama blanco de hilo -seguro que Hipólito algo tuvo que ver-. Hablo de lo que sea, me pregunta cosas, me deja pensando, me tomo mi tiempo, busco la respuesta en el placard de madera, o en el reloj de la biblioteca, en la silla antigua del escritorio o en su agenda y su celular que descansan sobre un puf. La busco y quizá no la encuentro pero sigo pensando.
Paula me dijo que si me siento triste o estoy mal, puedo recurrir a ella, que la llame, que le mande un mensaje, que le mande un mail o incluso que le escriba por MSN. Porque además de ir a la psicóloga, la tengo incorporada al Messenger. Por supuesto que nunca le hablé, pero sé que está ahí “por las dudas”.
La sesión termina y la verdad, coincido con ella, “se pasó rápido”. No sé si corresponde pero le pregunto si vive ahí, si vive sola, si además trabaja en otro lado... ¿Me puedo tomar esas licencias? Qué sé yo, pero es lo menos que puedo hacer. Paula estuvo casi una hora prestando su completa atención a la sarta de pelotudeces que dije.
Es cierto, es su trabajo y yo le pago pero igual me siento en deuda -es que cobra a mes vencido así que de mí no vio ni un peso-. Por suerte me hice amiga de Hipólito, que incluso me acompañó hasta la puerta para despedirme. “Chau Hipólito. Nos vemos la semana que viene”, me fui sonriente, contenida, querida.
La imagen me la robé de acá. Está linda la galería, pueden chusmear.