miércoles, 10 de marzo de 2010

Tarde-noche de tenis


Empezó el 2010 y volví  a los courts. Hace rato que fantaseaba con la idea, pero mi corto presupuesto (para más detalles, ver post anterior) no me dejaba avanzar, dar ese primer paso. Sin embargo, un día de semana, caminando por Congreso, me llama la atención un cartel: “Tenis: 4953-0044”. Simple, corto, conciso. Lo recordé y llamé porque pensé que podría ser una señal. Y no me equivoqué, hay una opción interesante de clases grupales por $160 mensuales, que para este deporte, resulta un buen precio.
Fui nomás y quedé fascinada. No tanto por la clase en sí –somos cinco chicas– pero más por el lugar. Es una terraza ocupada por tres canchas de polvo de ladrillo, rodeada de edificios antiguos. El cielo estaba cubierto, avisaba lluvia, el viento levantaba polvo, las pelotas se multiplicaban y las cúpulas de los edificios asomaban cerca nuestro, fijas como estatuas, inamovibles, marcaban su presencia, imponían respeto.
Y yo, otra vez con mi raqueta en mano, pegando derechas largas que se iban afuera, reveses flojos, y yéndome a la red con poco pero con decisión, ganando algunos puntos, perdiendo pocos, alentando a las compañeras, haciéndole chistes al profesor... Contenta, muy contenta.

2 comentarios:

Carita dijo...

Isa! Volviste a las canchas, loquita! Sobre los tejados, cual gatúbela.

Pau dijo...

No puedo comentar nada después de semejante imagen (la del Gato, no la visualización mental que me hice de ustedes jugando...).
Qué lindo que es, por Dios!