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martes, 22 de abril de 2008

Perfume



“Perseguiré / los rastros de este afán / como busca el agua a la sed / la estela de tu perfume”. Una vez en el Auditorio Costanera Sur, en un show gratuito de Bajofondo escuché que Adriana Varela decía que el texto de Perfume la cautivó. Que apenas lo leyó se conectó profundamente, que es bellísimo, que bla, bla, bla (no me acuerdo más).

Mientras miraba a Adriana Varela hablando en la pantalla gigante y me enteraba de que Perfume lo escribió Jorge Drexler -en general no me gusta pero este tema sí-, me propuse que cuando tocasen esa canción iba a escuchar la letra lo más atentamente posible.

Rodeada de chicos y chicas cool portadores de anteojos de sol solamente de noche y botellitas de agua mineral, se me hizo un poco difícil. No lo logré.

“Persevera y triunfarás” dicen. Así que años después, ya en casa con una copia del CD que viajó desde Uruguay, me dispuse a escuchar la letra. Y sí, como Fabio Zerpa, también Adriana Varela tiene razón.

Lo bueno de Perfume es que describe muy bien lo que es un perfume, lo que significa: “Me atravesó / tu suave vendaval / rumbo a tu recuerdo seguí / la senda de tu perfume”.

Yo tengo muy mala memoria pero si de algo me acuerdo es de los olores. Me quedó muy grabado en la nariz el perfume del chico que me dio el primer beso. No sé cuál es, pero debe ser uno muy común porque lo huelo seguido.

No sé si me gusta, simplemente me hace acordar a ese chico, en realidad a esa situación, porque no tengo presente ni la cara del chico, ni su nombre, ni nada. Lo único que me dejó fue un beso y lo único que me cautivó fue su estela.

“No hay soledad / que aguante el envión / el impulso antiguo y sutil / del eco de tu perfume”.

viernes, 18 de abril de 2008

Consumista (a conciencia)

Después de dejar el rollo de fotos para revelar en Alonso (Alsina esquina Entre Ríos) enfilo para el lado de Corrientes y me meto en Zival’s y en otras tres disquerías más. Miro mucho, revuelvo, me ensucio las manos y no compro nada, como últimamente hacemos la mayoría de los argentinos, o unos cuantos al menos.

Sigo caminando por la “avenida que nunca duerme”, ya con ganas de volver a casa y hete aquí que no tengo monedas para el colectivo. ¿Qué puedo hacer entonces? O bien me voy caminando, o me compro algo y ruego que me den vuelto con monedas.

Como no tenía ganas de volver a pie, tuve un déjà vu forzado y otra vez me encontré dentro de una disquería, hurgando entre los cds y el polvo, esta vez con la decisión de consumir.

Y también me encontré mirando con demasiada atención los precios, y haciendo cuentas: ‘Este cuesta 20 pesos entonces no hay manera de que reciba monedas. Tengo que encontrar uno que salga 19 ó 17…’

Y de repente me encontré buscando un disco ya no por estilo musical o intérprete, ni siquiera por el arte de tapa, ¡sino por el precio! Hasta ahí llegué. Otra vez afuera con las manos sucias, sin disco y sin monedas.

Sigo mi camino por Corrientes en el sentido de los autos y entre el humo que reposa por estos días en Buenos Aires y el smog del 24, aunque parezca una paradoja, se hace la luz: “El gato negro”. ¡Cuántas veces pasé por ahí y me quedé pegada a la vidriera imaginando el aroma del té de vainilla y canela! ¿Por qué nunca lo había comprado? No lo sé. Pero esta era mi oportunidad. Y no la pensaba dejar pasar.

Sin mayores preámbulos abrí la puerta y enfilé derechito para el mostrador donde están todos los frascos, incluido el té (en hebras, claro está) de vainilla y canela -para los que no me conocen, son los dos aromas que más disfruto en la vida-. El mínimo es 25 gramos ($5) pero muy segura, le dije: ‘Ponéme 50’ (no iba a andar escatimando con la vainilla y la canela). Al té le sumé 25 de pimienta negra partida (todo en bolsitas separadas, mezclar nunca es bueno) y el total marcó 15 pesos pero como le pagué con 16... ¡Me dio una moneda!

Crucé la vereda para tomarme el colectivo con una sonrisa: había comprado a conciencia y además no tenía que volver a casa caminando. Eso sí, mis manos seguían sucias.