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lunes, 28 de junio de 2010

Gracias Diego


Yo le quiero agradecer a Maradona. Le agradezco profundamente el gesto que tuvo con nosotras, las chicas. Acá, en la tele local, no nos tratan muy bien. No solo porque con frecuencia nos exponen como objeto, sino porque no se muestra todo lo que vale la pena.
Un pibe que juega en Colón de Santa Fe, ya de por sí, tiene poca prensa. Y si a eso le sumamos, el puesto y la discreción de su juego, estamos sonadas. Es que en la tele no se suele entrevistar a jugadores de tercera línea. Pero en algunos casos, valdría la pena cambiar. Decíme si una aparición suya por semana no le subiría unos puntitos el rating a cualquier programa de deportes.
Por eso, cuando nadie lo tenía en sus planes, Diego jugó para nuestro equipo, nos tiró un lujo increíble y sin sonrojarse lo llamó. Le dio la oportunidad a él de ir a Sudáfrica y a las mujeres, de verlo seguido.
Y ahí está él, grabando todo con su camarita, sonriendo para nosotras, y aunque no juegue, cada tanto lo enfocan. Aparece entre los suplentes en los entrenamientos, bajándose del micro, sentadito en el banco, acomodándose el rodete, ese que tan lindo le queda, charlando y riéndose con un compañero en el reconocimiento del campo de juego, esparciendo belleza por el estadio.
Gracias Diego. Gracias por ser distinto y convocarlo a Garcé. Gracias por jugar para nosotras.  

miércoles, 21 de mayo de 2008

Asociación libre

Lo más cerca que estuve de Moscú fue cuando una tarde de sábado pisé la Iglesia Ortodoxa Rusa de San Telmo.

El edificio de cúpulas azules es una figurita difícil. Suele estar cerrado excepto cuando hay misa o cuando organizan visitas guiadas pagas algunos domingos.

Pero parece que ese sábado había un acontecimiento especial y sus puertas estaban abiertas. Apenas pasé el enrejado, vi una escalera; es que la Iglesia Rusa no tiene planta baja, el templo queda en el primer piso.

Cuando llego arriba y estoy por ingresar al templo propiamente dicho, una señora que estaba detrás de un mueblecito me frena, yo pensé que me iba a pedir una colaboración, pero no. Me equivoqué, prejuzgué. La señora me entrega un trapo escocés bien largo y me dice en perfecto castellano: “Ponételo arriba del pantalón”. Me envolví con el trapo que se transformó en maxifalda porque tenía una cuerda para atarlo a la altura de la cintura. Según la tradición las mujeres debemos usar pollera -larga- en la Iglesia.

El templo en sí no decía mucho, era pequeño y oscuro, lúgubre, rasgo distintivo de los recintos sacros.

Pero lo más llamativo era la ocasión por la que la Iglesia estaba abierta. Lo tengo que escribir en condicional porque nunca me acerqué demasiado para confirmarlo pero puedo decir que habrían estado velando a alguien. A cajón abierto.

La situación era escalofriante: mucha gente, muchas velas, y todos repitiendo a coro unas oraciones en un idioma desconocido por mí (estimo que era ruso), alrededor de un cajón abierto, donde supongo, descansaba un cadáver.

Me quise quedar un poquito para ver el ritual pero mucho no aguanté.

Me acuerdo de esta anécdota porque en unas horas se juega la final de la UEFA Champions League entre Manchester United y Chelsea, en Moscú.

Ojalá hoy la Iglesia Ortodoxa Rusa abriera sus puertas y colocase pantallas gigantes para ver a Carlitos Tevez, a Cristiano Ronaldo, a Frank Lampard, a Didier Drogba...

Sin dudas es un acontecimiento especial y bien vale la pena.