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jueves, 10 de junio de 2010

Hay algo más allá del aire


Los canales de películas, como Cinecanal, tienen programación hollywoodense cien por cien. Esto no solo implica los films más pochocleros de la industria estadounidense, sino que también abarca el espacio publicitario.
Además de tener el enorme regocijo de mirar a Jude Law interpretando a un editor-padre en Vacaciones –una comedia romántica de las que nos gustan–, en la tanda es casi más difícil hacer zapping o mirar para otro lado. ¿Por qué? Porque aparece él promocionando una cámara de fotos. Porque está más seductor que nunca, porque sonríe plenamente y mira con deseo. Porque Ashton Kutcher compite palmo a palmo con Jude Law en belleza, sensualidad y seducción. 
Pero la joda no termina ahí. Por si fuera poco, en el segundo corte comercial, cuando ya me estaba levantando para ir al baño, aparece otro seductor en escena. Y este es uno de esos maduros infalibles. Él no quiere vendernos una cámara pero le compraríamos lo que sea. En la publicidad habla con dios y le dice que este no es su momento; y claro, George, tenés razón. Queremos seguir viendo el avance de las canas sobre tu cabellera castaña y que nos sigas conquistando con cada personaje que interpretes.
Así como me enamoré del editor londinense, también me capturó el ladrón pícaro e inteligente de La nueva gran estafa y lo mismo me pasó con el chico que se saca fotos en un restorán y sonríe como nadie más puede hacerlo.
Algo que no me sucede con la farándula local porque por más que aparezcan Gonzalo Heredia, Luciano Castro y Nicolás Cabré, que son bien bonitos, no les creo nada. Y bueno, eso suele pasar con los malos actores. 
Por suerte hay algo más allá del aire. Gracias cable, por estos bellos momentos. Son inigualables.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Leonardo, Kate & Sam


El domingo me fui del cine con la sensación. Esa sensación que cada tanto se nos da: la de haber visto una gran película. En el momento en el que la pantalla se fundió a negro y empezó a correr el listado de créditos, me di cuenta de que iba a ser difícil ponerse de pie, mirar a mi amiga y salir de la sala como si nada hubiera ocurrido. De hecho fue tan difícil que con Paola nos miramos pero no nos pudimos hablar, recién afuera descargamos un “uh”.

Para los que no la conocen, Pao es una chica de lengua fácil y casi nada le quita el habla. Una película que la deja sin palabras es una película con mayúsculas. Sólo un sueño pudo con ella, y conmigo, y creo que con gran parte del público que estaba en la sala del Hoyts Abasto.

Una película que te deja pensando, que propone reflexionar sobre algunos temas en general; replantearse algunas actitudes y decisiones que tomamos en la vida. Una película simple, con grandes actuaciones, con planos cerrados, con panorámicas aparentemente vacías que comunican mucho.

Dedos que se enredan en el cable del teléfono; un living ordenado, con los muebles en su lugar, lleno de luz y sin embargo oscuro; una chica que se emborracha, baila desenfrenadamente y termina la noche con una relación fugaz en el asiento de un auto. Todas escenas perfectamente craneadas por Sam Mendes -también director de otra película realista: Belleza americana-, e interpretadas con inigualable carácter por Kate Winslet y Leonardo Di Caprio.

El film está basado en la novela de Richard Yates Revolutionary road -el mismo título de la película en inglés-, que me dieron ganas de leer pero lamentablemente no se consigue fácil en Buenos Aires.

Algo parecido me pasó cuando fui a ver Crónica de una fuga; salí con ansias de leer Pase libre. En esa oportunidad tuve más suerte, mi amiga Ayelén me prestó el libro, propiedad de Pablito U. Lo terminé de leer en Uruguay y se lo devolví a su dueño meses después con restos de arena y humedad de mar. Ahora, si alguien me consigue la novela de Yates, prometo entregarla en tiempo y forma.